El mes de marzo ha estado marcado por el conflicto bélico entre Irán, Estados Unidos e Israel, así como por las posteriores escaladas de tensión en la región. En este contexto, los mercados y las valoraciones corporativas han fluctuado al ritmo de los titulares y de las declaraciones políticas, dejando en un segundo plano los fundamentos económicos tradicionales.
Durante el mes, prácticamente no hubo refugio frente a las caídas de la renta variable: ni la renta fija ni el oro consiguieron actuar como activos protectores. Los únicos tres activos con comportamiento positivo fueron el dólar estadounidense, Bitcoin y el petróleo, siendo este último el que registró la subida más intensa.
Cabe destacar que el petróleo continúa siendo un activo de difícil acceso para el inversor tradicional debido a las complejidades logísticas relacionadas con su almacenamiento y entrega física.
Geográficamente, las regiones más afectadas fueron Europa y, especialmente, Asia — con India liderando las caídas. Ambas regiones registraron retrocesos significativamente superiores a los observados en los índices estadounidenses.
Estados Unidos: incertidumbre geopolítica y resiliencia energética
En Estados Unidos, la corrección bursátil fue relativamente más contenida debido a que el país produce internamente la mayor parte de la energía que consume.
Además, Estados Unidos está estratégicamente posicionado para beneficiarse del encarecimiento global del petróleo actuando como proveedor energético alternativo. Esta ventaja estructural explica por qué el incremento del crudo West Texas Intermediate (WTI) fue más moderado en comparación con el Brent.
Aun así, el impacto doméstico fue relevante:
- La gasolina alcanzó los 4 dólares por galón, contribuyendo a caídas cercanas al 5% en los mercados bursátiles.
- El repunte del petróleo reactivó los temores inflacionarios, eliminando prácticamente las expectativas de recortes de tipos de interés para 2026.
- Como consecuencia, los Treasuries estadounidenses registraron una caída aproximada del 2,5% durante el mes.
Europa: vulnerabilidad energética y tensiones diplomáticas
Más allá del shock energético, Europa quedó atrapada en una situación diplomática compleja debido a la volatilidad de la política exterior del presidente Trump.
Aunque menos del 1% del petróleo que atraviesa el Estrecho de Ormuz se dirige a Europa, la región quedó situada entre sus compromisos con la OTAN y su rechazo a una escalada militar.
Esto generó tensiones con Washington después de que Trump calificara a Europa como un “socio de una sola dirección”, tras la negativa de varios países europeos a desplegar fuerzas navales en el estrecho.
Dentro de este entorno de presión:
- Los índices bursátiles europeos cayeron entre un 8% y un 10%.
- La renta fija retrocedió entre un 1,7% y un 3,8%, pese a que el BCE mantuvo los tipos de interés en el 2%.
La presidenta del BCE, Christine Lagarde, advirtió que el conflicto incrementa la incertidumbre y elevó la previsión de inflación para 2026 desde el 1,9% hasta el 2,6%.
Asimismo, afirmó que el BCE no dudaría en subir tipos incluso si el repunte inflacionario resultase temporal, mensaje que fue recibido negativamente por los mercados.
Asia: el epicentro del shock energético
Asia ha sido la región más expuesta a la crisis, dado que el 87% del petróleo y el 86% del gas natural licuado consumidos en la región atraviesan el Estrecho de Ormuz.
Para países como China, India, Japón o Corea del Sur, la dependencia de esta ruta marítima oscila entre el 40% y el 80% de sus importaciones, representando una vulnerabilidad estructural sin precedentes.
Los mercados reflejaron este deterioro mediante fuertes correcciones:
- China cayó un 7,7%.
- India retrocedió cerca de un 15%.
- Corea del Sur sufrió la corrección más severa, con pérdidas próximas al 19%.
Este comportamiento resulta lógico considerando que Asia concentra la mayor parte del tráfico marítimo mundial a través de Ormuz.
Como respuesta, los gobiernos implementaron medidas extraordinarias:
- Japón liberó reservas estratégicas de petróleo.
- Corea del Sur impuso límites máximos al precio del gas.
- Filipinas declaró el estado de emergencia energética nacional.
- China activó protocolos de seguridad para garantizar el suministro y transporte energético.
Implicaciones para las carteras
Marzo ha sido, sin duda, un mes difícil para los inversores.
Las correcciones no solo eliminaron las ganancias generadas durante enero y febrero, sino que además llevaron las rentabilidades anuales de las carteras a terreno negativo independientemente del perfil de riesgo.
Las caídas fueron amplias e indiscriminadas, prácticamente sin refugios aparentes.
Es importante recordar que los mercados atraviesan periódicamente episodios similares — desde la crisis del petróleo de los años 70 hasta los aranceles de 2025.
Históricamente, el tiempo ha premiado a quienes mantuvieron la disciplina y permanecieron invertidos, mientras que ha castigado a quienes vendieron en momentos de pánico, consolidando pérdidas y perdiéndose las posteriores recuperaciones.
Los rebotes más fuertes suelen producirse inmediatamente después de los periodos de mayor pesimismo, y perderse esos días tiene un impacto irreversible sobre las rentabilidades a largo plazo.
Desde nuestra perspectiva, aunque el conflicto representa un drama humano evidente, desde el punto de vista económico continúa siendo principalmente “ruido geopolítico”: un shock temporal que no altera los pilares estructurales de la economía global.
Los fundamentos económicos siguen siendo sólidos:
- El crecimiento corporativo continúa.
- Los niveles de endeudamiento siguen siendo moderados.
- La oferta energética mundial no ha desaparecido.
Consideramos que las valoraciones actuales, especialmente en Europa y Asia, reflejan escenarios excesivamente pesimistas que difícilmente se mantendrán en el tiempo.
Por ello, creemos que el entorno actual presenta puntos de entrada atractivos para inversores con horizontes de medio y largo plazo.
En entornos inciertos, la disciplina y la templanza continúan siendo los pilares fundamentales del buen inversor.
No hemos recomendado modificar la composición de las carteras porque no creemos que este sea el momento adecuado para hacerlo.
Nuestra visión sigue siendo que el conflicto terminará estabilizándose, permitiendo que los mercados recuperen niveles previos.
La situación actual recuerda al episodio arancelario del año pasado: caídas iniciales seguidas de una moderación de tensiones y una recuperación posterior que terminó superando los máximos anteriores.
Con las elecciones al Senado estadounidense aproximándose y con niveles históricamente débiles de popularidad republicana, es probable que las hostilidades disminuyan en las próximas semanas — aunque, con el actual ocupante de la Casa Blanca, siempre existe un cierto grado de imprevisibilidad.