Septiembre ha confirmado el giro que los mercados venían anticipando durante el verano. En apenas ocho días, la Reserva Federal, el Banco Central Europeo y el Banco de Japón subieron sus tipos de interés. Aunque cada uno responde a circunstancias propias, los tres comparten una misma preocupación: una inflación que, alimentada por el encarecimiento de la energía, se resiste a volver a sus objetivos.
La tensión que en agosto se concentraba en el tramo largo de las curvas se ha extendido este mes al conjunto del mercado de deuda. El bono estadounidense a 10 años ha superado el 5,2% por primera vez desde 2007, mientras que el petróleo ha vuelto a situarse por encima de los 100 dólares por barril ante la falta de avances en las negociaciones entre Estados Unidos e Irán.
Estados Unidos: la Fed vuelve a subir tipos y la tecnología concentra las ganancias
La inflación y el endurecimiento de la política monetaria marcaron el mes en Estados Unidos. La inflación general se mantuvo en el 3,4% interanual, mientras que la subyacente se moderó del 2,5% al 2,4%, una divergencia que apunta a la energía como principal foco de presión sobre los precios.
En este contexto, la Fed elevó los tipos de interés en 25p.b., por unanimidad, en su primera subida desde julio de 2023. Kevin Warsh dejó claro que la inflación sigue siendo demasiado alta y que las condiciones financieras actuales no son restrictivas. Las proyecciones de la institución apuntan, además, a nuevas subidas: 16 de sus 18 miembros esperan al menos una adicional antes de finalizar el año, y el mercado asigna ya una probabilidad elevada a otro incremento en la reunión de finales de octubre.
El impacto se hizo sentir especialmente en la deuda pública. La rentabilidad del bono a diez años superó el 5,2%, su nivel más alto desde 2001, mientras que la del bono a treinta años alcanzó máximos de más de dos décadas. Al cambio de rumbo de la Fed se sumaron la débil demanda en algunas subastas y la preocupación por el elevado volumen de emisiones del Tesoro. Las recompras de deuda anunciadas en agosto no han logrado, por ahora, contener el repunte de las rentabilidades.
Pese a este entorno, las grandes tecnológicas mantuvieron su protagonismo en bolsa. El S&P 500 registró una variación mensual del -0,45% y el Nasdaq del 3,23%, aunque el comportamiento de los índices oculta diferencias crecientes entre sectores. La fortaleza de la tecnología contrastó con la evolución más discreta del resto del mercado, mientras aumentan el número de compañías del S&P 500 que cotizan por debajo de su media móvil de 50 sesiones. Las ganancias descansan así sobre una base cada vez más estrecha, lo que resta solidez al avance bursátil.
El rápido avance de la inteligencia artificial ha abierto un debate sobre cómo equilibrar innovación y seguridad. Dario Amodei, de Anthropic, y Sam Altman, de OpenAI entre otros defendieron mayores garantías frente a los riesgos de los modelos más avanzados y un desarrollo más prudente. La Administración Trump mantiene su apuesta por acelerar el sector para preservar el liderazgo estadounidense frente a China.
En el plano comercial, la visita de Estado de Xi Jinping a Estados Unidos permitió reducir las tensiones arancelarias, con una rebaja de los gravámenes sobre bienes por valor de 60.000 millones de dólares. El acercamiento no parece haberse extendido a los semiconductores avanzados, cuyas restricciones de exportación se mantuvieron. Así mismo, este mes, EE. UU. retomó su guerra arancelaria contra Canadá imponiendo un gravamen del 50% sobre las exportaciones, paquete valorado en aproximadamente 20.000 millones de dólares.
En divisas, el mayor diferencial de tipos favoreció la recuperación del dólar, que alcanzó máximos de nueve semanas tras la debilidad mostrada en agosto. El oro cedió parte de las ganancias acumuladas durante el verano, mientras que Bitcoin y otras criptomonedas avanzaron. El cobre también mostró un comportamiento positivo, apoyado en unas mejores expectativas de demanda industrial y tecnológica.
Europa: el BCE sube tipos y la bolsa corrige
En Europa, el protagonismo también correspondió al banco central. El 10 de septiembre, el BCE subió los tipos de interés en 25p.b. Es la segunda subida del año, tras la de junio, y se justificó por el impacto del conflicto en Oriente Medio sobre los precios, que mantendrá la inflación «muy por encima del objetivo durante un periodo prolongado».
Los datos avalan esta decisión. La inflación de la eurozona repuntó en agosto hasta el 3,3%, desde el 2,9% de julio, su nivel más alto del año, con la energía como principal responsable. La subyacente, en cambio, se mantuvo estable en el 2,4%. Por países, destaca España, donde la inflación pasó del 4,3% en agosto al 4,9% en septiembre, situándose muy por encima de los niveles de Alemania, Francia e Italia.
Las rentabilidades de la deuda soberana europea continuaron al alza, con una aceleración del movimiento en septiembre. La persistencia de la inflación, el endurecimiento de la política monetaria y las mayores necesidades de financiación de los gobiernos intensificaron la presión sobre los bonos. El rendimiento del bono alemán a diez años se acercó a máximos desde 2009, en un entorno de costes de financiación cada vez más elevados que también pesó sobre las bolsas europeas. Particularmente preocupante es la escalada de rentabilidad del bono francés a 10 años que en septiembre alcanzó el 4,7%. Dada la ausencia de medidas de control presupuestario o fiscal por las inminentes elecciones generales, parece que esta rentabilidad no será la máxima que podamos ver este año.
En el conjunto del mes, el MSCI Europa registró una variación del -2,47%, mientras que el Eurostoxx 50 cayó un 2,35%.
Asia: el Banco de Japón se suma a las subidas y China sigue sin encontrar demanda
El Banco de Japón subió el 18 de septiembre sus tipos de interés en 25p.b., hasta el 1,25%, su nivel más alto desde 1995. Sin embargo, la decisión se tomó con dos votos en contra y el gobernador Ueda evitó comprometerse con nuevas subidas, lo que el mercado interpretó en clave moderada.
En China, los datos de agosto volvieron a reflejar una economía a dos velocidades. Por un lado, la actividad industrial mantuvo un tono sólido, con la producción creciendo un 5,2% y un notable dinamismo en los sectores de alta tecnología, respaldados por el aumento de las exportaciones de bienes tecnológicos y una mayor inversión vinculada a la inteligencia artificial. Por otro, la demanda de los hogares y el sector inmobiliario continuaron mostrando una evolución claramente más débil, quedando rezagados frente al impulso de la industria y la tecnología.
Dada esta situación, durante el mes se anunciaron medidas de estímulo para apuntalar el debilitado mercado inmobiliario. El ministerio de economía subvencionará un punto porcentual los tipos de interés de las hipotecas para compradores de primera vivienda durante cinco años, con un límite de 1 millón de yuanes (149.000 dólares) por hogar. Se trata de una de las reformas diseñadas para reconstruir el sector, que colapsó en 2021 con efectos perjudiciales.
En Oriente Próximo, los ataques hutíes contra infraestructuras energéticas saudíes elevaron de nuevo la tensión en los mercados de crudo. Los daños al oleoducto Este-Oeste obligaron a Saudi Aramco a reorganizar sus flujos y a suspender temporalmente algunos suministros a Europa, aumentando la preocupación por la seguridad del suministro y la volatilidad del petróleo.
En términos de mercado, el MSCI China registró una variación del -4,82%, mientras que el MSCI India se movió un -6,91%.
Implicaciones en las carteras
Septiembre ha sido un mes exigente para las carteras, con la renta variable y la renta fija presionadas al mismo tiempo por la subida de los tipos de interés. Como veníamos señalando, las semanas previas a las elecciones legislativas de mitad de mandato en Estados Unidos podían traer una mayor volatilidad, con movimientos bruscos y frecuentes cambios de dirección. Estos episodios ponen a prueba la disciplina inversora y refuerzan la importancia de mantener una perspectiva de largo plazo.
Seguimos viendo fortaleza en la economía estadounidense y los beneficios empresariales, aunque los tipos más elevados acentúan las diferencias entre sectores. La inversión en inteligencia artificial mantiene su impulso, mientras el consumidor acusa el encarecimiento del crédito, lo que ayuda a explicar la concentración de las subidas en la tecnología. En este contexto, la temporada de resultados que comienza en octubre será clave para comprobar si los beneficios respaldan las valoraciones y si el impulso de la IA puede sostener el crecimiento ante un consumo más débil.
En este contexto, tras los cambios realizados a finales del mes de julio mantenemos un posicionamiento neutral en las carteras, con margen para ajustar la exposición según evolucione el mercado. Una corrección significativa de las bolsas de cara a las elecciones nos llevaría a aumentar el peso de la renta variable, aprovechando valoraciones más atractivas. Si, por el contrario, los índices continúan subiendo hasta finales de año, reduciríamos exposición para recoger parte de las ganancias.